De porqué un pequeño tropiezo evita una gran caída


No hay error que no sea humano, ni humano que no cometa errores. Si errar es  humano, identificar los errores y corregirlos también lo es. De hecho, identificarlos y corregirlos forma parte de nuestras fortalezas.

La vida está llena de momentos que nos ponen a prueba. No sabemos lo fuerte que podemos llegar a ser hasta que nos enfrentamos a una situación difícil, adversa o hasta que no rectificamos un error. Casi todo lo que conseguimos viene precedido de fracasos. Tropezar, caer y levantarse forma parte de nuestra propia evolución como especie.

Aprender de las experiencias que vivimos hace que tomemos nuestros errores como un material que debemos clasificar, interpretar y ponerlos en valor positivo. Duele levantarse de las caídas, pero nos ayudan a corregir el rumbo.

Evitar un problema en vez de ponerse a solucionarlo, parapetarse a la defensiva para camuflar nuestros fallos, generalizar, mostrarse intransigentes, imperturbables, manipular a otros con la culpa son errores, a veces no muy grandes, pero con una capacidad enorme para generarnos un gran vacío y un batacazo descomunal. Nos desbordan con una oleada de miedos, nervios, culpabilidad, frustración y una sensación amarga de derrota. Los errores crecen cuando se repiten.

Por el contrario, reconocer que nuestros tropiezos forman parte del camino, que en realidad son un paso más para seguir adelante, nos ahorra conflictos y sufrimientos mayores. Los errores son inevitables, pero cuando los exponemos se amortigua la percepción de estrés y se pueden analizar con más claridad. Ya sólo la búsqueda de soluciones rebaja el malestar.

Una actitud resolutiva, calmada, analítica y segura de nuestras habilidades, es el mejor antídoto para superar un error, por pequeño o grande que sea. Sí, la actitud es nuestra mejor arma, nos proporciona espacio y profundidad para encontrar la solución más adecuada.

No existe una manera particular de levantarnos cuando caemos, lo único que importa es entender que todo el peso que tenemos que elevar para seguir adelante es el nuestro propio. Convencernos de que las cosas que tenemos que solucionar no tienen por qué ser fáciles, pero sí posibles, es un buen plan. Tropezar, caerse, levantarse y continuar, en eso consiste estar vivo.


Saber relativizar es una de las actitudes que más nos benefician y ponen orden en las cosas que nos suceden. No es fácil relativizar, pero se consigue aprender.

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