El síndrome de Peter Pan es aquella eventualidad anómala por la cual una persona adulta se resiste o niega a actuar con la responsabilidad que le pertoca como tal. Fue descrito por los felices teenagers (adolescentes) de posguerra y teorizado por los ideólogos de la contracultura (como Theodore Roszak) y algunas estrellas del rock (como The Who) después de las rupturas generacionales a partir de 1968. El modelo se convirtió en hegemónico en el mundo occidental durante toda la segunda mitad del siglo XX, gracias al potencial de la sociedad de consumo y del capitalismo maduro, y gracias, también a la complicidad entre jóvenes y adultos para alargar la fase de formación y diversión de la edad adolescente.

Peter Pan fue escrito por James M. Barrie en 1904, traducido a cadi todos los idiomas del mundo y llevado al cine en múltiples ocasiones, para público infantil y también para público adulto. La historia es conocida: Wendy era la primera hija de un matrimonio inglés, cuya madre contaba cuentos de hadas antes de irse a dormir. La obra empieza así: “Todos los niños crecen, menos uno. Y pronto saben que han de crecer…los dos años de edad son el principio del fin”. La mayor parte del relato consiste en el viaje de Wendy y sus hermanos al País de Nunca Jamás, donde vive un tal Peter Pan, personaje favorito de sus cuentos. Se trata del país de la infancia, donde nadie quiere crecer y todos viven aventuras sin límite, aunque al final regresan a casa. Cuando Wendy pregunta a Peter por qué se escapó de la Tierra, el niño responde: “Fue porque escuché a mis padres hablar de qué sería yo cuando fuera mayor. ¡No quiero ser nunca mayor, de ninguna manera! Quiero ser siempre niño y divertirme. Peter Pan no sabe su edad, ni tiene noción del tiempo ni del deber: la vida es un juego. Después de una etapa de aventuras, Wendy vuelve a casa con sus padres, llevando con ella a sus hermanos y también a los niños perdidos que han crecido en el País de Nunca Jamás. Sólo se queda allí Peter Pan y Campanilla.
El País de Nunca Jamás recuerda a veces a alguna idílica comuna Hippie de los años 60/70 del siglo pasado, donde los “adolescentes perdidos” de la burguesía vivían al día, comunitariamente, sin presencia de adultos, e intentaban mezclar el trabajo con el juego, vivir la libertad sin autoridad.

El síndrome de Peter Pan, también conocido como complejo de Peter Pan, es una condición en algunos adultos que comprende comportamientos de inmadurez. Se trata de un trastorno psíquico que afecta a los varones y que se caracteriza por la presencia de seis bloques sintomáticos: irresponsabilidad, soledad, conflictos relativos al rol sexual masculino, narcisismo y machismo.

En realidad, el síndrome de Peter Pan traduce bien lo que desde antiguo se viene conociendo como falta de madurez o inmadurez personal. De manera muy sucinta, el perfil psicológico que caracteriza a quien lo padece es el siguiente: adolescentes, jóvenes adultos varones, que se experimentan como inadaptados, preocupados más por su propia autoexaltación, que por establecer y satisfacer los necesarios compromisos con los demás. A pesar de esto, suelen necesitar – y mucho – ser aceptados por los demás; en algunos casos como si tratase la más relevante condición para aceptarse a sí mismos.
Hay en ellos miedo al compromiso y miedo a la libertad. Y, sin embargo, se fingen como adultos maduros, aunque, en realidad, se comportan como niños malcriados. Están faltos de valor y, en consecuencia, se tratan a ellos mismos y a los demás como si nada valieran.
Peter Pan viene del pasado, pero actualmente alcanza su mayor apogeo, eso sí, en forma de un complejo que define a toda una generación de jóvenes que no han aprendido a volar por sí solos y prefieren refugiarse en la infancia
De niñas a malotas es un libro que refleja con acierto y profundo conocimiento cuál es la realidad de las chicas adolescentes hoy y, también, cómo afrontan sus padres ese momento tan difícil de sus «princesas». Ellas, entre la búsqueda de libertad y la inseguridad; sus progenitores, entre el amor incondicional y el desconcierto.Ángel Peralbo, psicólogo especializado en adolescencia. la oportunidad que nos da la adolescencia para garantizar que tenga una autoestima adecuada
RASGOS DE COMPORTAMIENTO DEL HOMBRE PETER PAN
Según Dan Kiley
- Parálisis emocional: Las emociones están atrofiadas. No se expresan en la misma forma que se experimentan. La ira se manifiesta como furia, la alegría es histérica, el desencanto se transforma en autocompación. La tristeza puede manifestarse como alegría forzada, travesura infantil o risa nerviosa.
- Dilaciones: Durante la etapa de desarrollo, la víctima joven posterga las cosas hasta que se ve absolutamente obligado a hacerlas. «Yo no sé» y «No me importa» se convierten en su defensa contra las críticas. En su vida, sus objetivos son contradictorios y mal definidos, principalmente porque la víctima deja para mañana la tarea de pensar en ellos.
- Impotencia social: La dificultad para hacer amigos es manifiestamente complicada e infructuosa. En la adolescencia son fácilmente manipulables por sus compañeros. Los impulsos tienen prioridad sobre un auténtico sentido de lo correcto y de lo incorrecto. Buscar amigos y ser amistosos con meros conocidos se antepone a las demostraciones de amor e interés por la familia.
- Pensamiento mágico: «Si no pienso en ello, desaparecerá» «Si pienso que será diferente, lo será». Estas dos citas reflejan el pensamiento mágico de la víctima. La magia mental les impide admitir sinceramente sus equivocaciones y les resulta imposible decir «lo siento» o pedir perdón.
- Fijación sexual: la impotencia social de la víctima se extiende hasta el terreno sexual. Poco después de la pubertad empieza a buscar desesperadamente una amiga. Sin embargo su inmadurez y su necesidad suelen ahuyentar a la mayoría de las chicas.




