Acoso sexual en la calle: un tipo de violencia de género en lo público


La violencia contra las mujeres suele entrever una cierta cosmogonía cultural conforme a la cual se nos ha hecho creer que existe un “cierto derecho” del hombre sobre las decisiones del cuerpo de una mujer.


Las personas que sufren acoso sexual tiene una consecuencias psicológicas que es necesario abordar y solucionar. 

Tu consulta aquí

(Revisión de mi artículo “Acoso sexual en la calle” de 2014) #blasramon

La violencia y la inseguridad en el ámbito público, principalmente urbano, se ha convertido en las últimas décadas en un tema importante de reflexión.  De entre los tipos de violencia más persistentes en el panorama social, es la violencia de género, aunque ésta no está típicamente incluida como un componente de la inseguridad en la calle, debido a una asociación, por un lado, entre “inseguridad y espacio público” y, por otro, entre “violencias de género y espacio privado”. Esta asociación implica que muchas amenazas o violencias de género que se sufren en la calle no son tipificadas como delitos y, por lo tanto, no entran en el “imaginario del miedo” atribuido a la convivencia en la espacio público. Situación que, necesariamente, ha de empezar a cambiar. De hecho, en Francia se ha empezado a legislar sobre el acoso sexual en la calle.

Anuncios
41sXo6W6mPL._SX324_BO1,204,203,200_
Novela apropiada sobre este tema. Comprar aquí

La violencia de género no sólo puede ser vista como una forma de discriminación, sino también como un producto de la misma, por lo que la igualdad de género constituye un factor clave en la lucha contra la violencia de género. Se ha de relacionar entonces, también, con los procesos cotidianos de vivencia en lo público, en la calle,  como forma efectiva de reclamar sus derechos y de que éstos prevalezcan. La no tolerancia de la violencia de género en los espacios comunes mejora los mecanismos efectivos generales para combatirla.

El acoso en la calle es una gran preocupación para la mayoría de las mujeres, en especial para las más jóvenes. En gran parte el problema deriva de la dificultad de enfocar los límites de la definición del acoso sexual en lugares públicos. Cuando las conductas visuales, verbales o físicas son claramente indeseables y agresivas, el acoso es evidente. Sin embargo, el dilema se plantea a la hora de establecer con meridiana claridad  cual es la línea en la que un hombre cree estar alagando y la mujer percibiendo esa cercanía como una amenaza.

ACOSO1.1
Anuncios

¿Qué implica el acoso sexual?

Aún quedan “especialistas de la conducta humana” que al tratar de explicar las causas del acoso sexual tratan de minimizar la actitud de decir piropos en la calle, delante de cualquiera y en casi cualquier sitio, a la mujer que quiera, como un simple hecho de entretenimiento y diversión sin mala intención. Lo que desbarata esta posición – segura para los hombres – es que cuando las personas no participan de lo que sea en libertad y con conocimiento y consentimiento, lo que se establece es una intención de poder y control.

La violencia contra las mujeres suele entrever una cierta cosmogonía cultural conforme a la cual se nos ha hecho creer que existe un “cierto derecho” del hombre sobre las decisiones del cuerpo de una mujer. Algo verdaderamente  nocivo que aún no hemos acabado de erradicar de las relaciones entre mujeres y hombres.

ACOSO1.2

La violencia contra las mujeres suele entrever una cierta cosmogonía cultural conforme a la cual se nos ha hecho creer que existe un “cierto derecho” del hombre sobre las decisiones del cuerpo de una mujer. Algo verdaderamente  nocivo que aún no hemos acabado de erradicar de las relaciones entre mujeres y hombres. Desgraciadamente, los comportamientos de acoso sexual en la calle se toman como un “mal menor” aceptado e integrado por la misma sociedad, como si fuera un derecho inherente.

Desde el punto de vista de la psicología social, existen dos perspectivas principales respecto a la violencia de género. Conforme a la primera, el poder ejercido sobre la mujer obedece a la (in) consciencia acerca de las libertades individuales y de género donde la educación machista impone sus ideales, y en la que actúan las reglas de los estereotipos y la falta de tolerancia. En la segunda perspectiva, los propios miembros de la mayoría que ejerce la violencia son, a la vez, víctima de la agresión que se experimenta en su propio grupo. Es decir, la presión bajo los parámetros de virilidad que hacen al hombre estúpido y a veces peligroso, porque fomenta actitudes aún más violentas hacia las mujeres, e incluso hacia otros hombres por su no pertenencia al grupo agresor, o niños por razón de su sexo.

Anuncios

¿Qué se puede hacer al respecto?

No ignorar el acoso sexual ni responder con más violencia al mismo es requisito básico para tener oportunidades de abordar el problema con garantías de solución.

Como en casi todo lo que atañe a las relaciones humanas, los círculos viciosos que generan problemas entre las personas, que se basan en estereotipos de dominancia, se cambian a través de la educación. La violencia de género en el ámbito privado o en el público cambiara al paso que lo hagan los “valores de iniquidad” actuales en muchos hombres, por el de equidad, respeto y tolerancia. Cabe señalar a este respecto, que la mujer aún necesita alcanzar valores de independencia de pensamiento y acción necesarios para alcanzar el equilibrio que facilite ese respeto y tolerancia.

La visibilización del acoso sexual en el espacio público obliga a pensar en la violencia de género no como una sumatoria de factores de riesgo generados por la educación machista y por las actitudes de sumisión, sino desde una dimensión relacional, que genere metodologías más efectivas para mediar las múltiples violencias que conviven en el espacio urbano.

e0abb-fin2barticulos

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.