Como psicólogo, la exclusión, cualquier exclusión, la enfoco como algo que tiene que ver con la alteridad. Es decir, con la perspectiva de la división de un “yo” y un “otro”, o de un “nosotros” y un “ellos”. De la implicación de ponerse en el lugar de ese “otro”, alternando la perspectiva propia con la ajena. El victimismo es una forma de exclusión amparada en la demanda de atención, cuidado, apoyo y afecto.
Como psicólogo, el victimismo, como otros muchos conflictos emocionales, los abordo a partir de otro concepto peculiar, el de la otredad. O más correctamente, el de tener cuidado con la otredad, o tendencia a adueñarse de la conversación del otro. No. No crean que les estoy hablando desde la complejidad del vocabulario que se nos supone a los «comecocos». Sino de esa actitud humana de recurrir a frases como «si yo fuera tu lo que haría sería…» «…en mi opinión deberías».

ALGUNAS CARACTERÍSTICAS DEL VICTIMISMO
En general no dice lo que le pasa o desea, sino que se manifiesta a través de la queja y de las lamentaciones.
En su desespero y lamento hay una especie de regocijo en sus desgracias y desdichas.
Busca protagonismo, le gusta ser centro de atención a través de transmitri pena y compación en los demás
Exagéra las cosas que le pasa con tendencia a deformar o manipular la realidad.
A quien más y a quien menos le ha tocado sufrir una decepción, sentirse defraudado alguna vez o haber sido engañados de alguna manera por otros, amigos, familia, pareja, jefes o compañeros de trabajo. Por lo general estas situaciones y las emociones que nos producen, las acabamos encajando en nuestra vida de forma adaptativa, es decir, sin que nos perjudiquen o nos descontrolen demasiado la vida. Sin embargo hay algunas personas que ante los vaivenes o adversidades de la vida funcionan en modo «queja permanente». o lo que es lo mismo, en un estado de angustia persistente y majadero. Con frecuencia esta deriva emocional se acompaña de simulaciones de agresión y/o menoscabo de la salud inexistentes. Esta forma de afrontar el mundo conduce a una visión muy pesimista de la realidad que afecta a casi todo el que tiene cerca.
Por supuesto que existen situaciones reales de victimización, como cuando alguien ha sido objeto de un abuso, o de un exceso, sin que tuviera la posibilidad de reaccionar. Pero no es de eso de lo que hablamos aquí. Del asunto que tratamos concierne a esas personas que haces de sus sufrimientos, cuidadosamente expuestos, un argumento de vida.
El victimismo alimenta sentimientos muy negativos como el resentimiento y la ira, intolerancia y desprecio hacia el derecho de los demás. Pero también obtiene grandes beneficios secundarios de la manifestación de dolor e impotencia, principalmente el de eximirse de las responsabilidad de afrontar su propia realidad a través de conseguir que sean otras personas las que resuelvan sus conflictos y tomen decisiones. La víctima generalmente es una persona con una baja autoestima y un sentido crítico interno muy estricto, por eso busca protección.

¿Por qué nos autocomplacemos?
La autoestima baja es uno de los mayores obstáculos en nuestra vida. Nos hace sufrir y nos impide lograr aquello que deseamos. Cuando nuestra autoestima es baja y no logramos el éxito deseado, buscamos un culpable.
Ya sea que nos culpemos a nosotros mismos o que culpemos a los demás, a la vida, la suerte, Dios, etc., si nos sentimos indefensos e incapaces de cambiar la situación, podemos acabar auto compadeciéndonos.
La autocompasión en sumamente limitante pero difícil de reconocer y aceptar, porque le damos un significado equivocado. Para mucha gente significa estar «mal», ser débiles, incapaces y menos valiosos que los demás. Esta forma de pensar es errónea.
En realidad lo único que indica la autocompasión, es que: Durante nuestra infancia aprendimos una actitud que nos impide, actualmente, solucionar nuestros problemas y tener una vida mejor.
La diferencia entre los que se auto compadecen y los que no, es que los primeros se dedican a ver todo lo malo que les ha pasado y que no han podido evitar o solucionar y los otros se enfocan en lo que quieren que les pase y en lo que necesitan hacer para lograrlo.
Cuando creemos que nosotros tenemos poco o ningún control sobre lo que nos sucede, que el mundo y/o los demás se aprovechan de nosotros o nos causan daño, acabamos sintiéndonos incapaces y desempeñando el papel de víctimas.
Necesitamos aprender a analizar la situación y nuestras habilidades, de una manera diferente.
Con frecuencia sentimos que nuestra vida y nuestras opciones están limitadas, sin darnos cuenta de que dicha limitación está causada por la autocompasión.



