De cómo alguien te puede convertir en un inútil para ti mismo/a: la manipulación psicológica


Ocurre, a veces, que incluso con personas cercanas, las conversaciones se complican, los malentendidos afloran y las palabras no expresan adecuadamente lo que pensamos o lo que sentimos. A todos nos ha pasado en alguna ocasión, al menos.

Hace poco, alguien enormemente apreciada por mí, me confesó que la hacía sentir culpable. El término fue tan demoledor que me noqueó. Los sentimientos de culpabilidad son una señal de alarma que nos pone sobre aviso sobre la posibilidad de que estemos siendo manipulados por otra u otras personas. Luego escribí mensajes en telegram que no hicieron otra cosa que enredarlo todo aún más. Y es que, a veces, manipulamos. Sí, todos manipulamos.

Afortunadamente, no tengo voz estridente, sino suave a pesar me mi tono grave (incluso de tiple en el coro de mi infancia tenía la voz de bajo) y la mayoría de veces no son más que aspavientos lo que se me escapa por la boca. Mi talante de manipulador, como en la mayoría de la gente, es de perfil bajo. Todo y así, no está de más que nos planteemos seriamente corregir estos comportamientos, aunque sean de poca intensidad y muy esporádicos, porque estas situaciones son siempre problemáticas.


La influencia que la conducta de una persona tiene sobre la vida de otra, a veces es muy positiva, en otras, por el contrario, genera importante conflictos personales y psicológicos. La manipulación psicológica de personas con las que se está vinculada emocionalmente puede ser objeto de asesoramiento e incluso terapia psicológica.

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La culpabilidad es la emoción que el manipulador necesita hacer sentir a la persona para ejercer control sobre ella.

Pero no todos los que manipulan son tan fáciles de reconocer. La frecuencia, intensidad y, especialmente, la intencionalidad son factores que pueden hacer de la acción por la que unas personas tratan de manipular a otras en su propio beneficio, algo complejo, peligroso y siempre dañino. Además de la mentada culpabilidad, la sensación de abuso emocional,  la asunción de la responsabilidad de otros como propias,  los sentimientos de incompetencia o el miedo a la expresión de las propias opiniones, son otras de las profundas consecuencias, capaces de generar trastornos personales, sociales y mentales  asociadas a la influencia de la manipulación psicológica.

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Manipuladores encontramos en cualquier ámbito: en las familias, entre los amigos, en nuestro trabajo. Un gran manipulador lo puedes encontrar hasta en aquella persona capaz de encenderte de amor el corazón. En general, si el personaje domina técnicas y estrategias de manipulación y las utiliza con habilidad suele ser difícil descubrir el engaño hasta que no empezamos a sentir decepción por el personaje, cosa que requiere tiempo. En otros casos, el enredador se descubre pronto, aunque para algunas de sus víctimas, el poco tiempo ha sido suficiente para desbarajustarla de arriba abajo.

Las personas manipuladoras son persuasivas y utilizan estrategias psicológicas como la preocupación por los problemas de los otros, la defensa de causas nobles, la disposición a la colaboración desinteresada, para conseguir ejercer influencia deliberada sobre la mente y las emociones de otra persona. Todos tenemos debilidades e inseguridades que un manipulador/a inteligente puede explotar. Lo habitual es que para conseguir estos objetivos usen estrategias de agresión e intimidación que pretenden hacer sentir a las personas vulnerables, insignificantes, pequeñas, frágiles y en peligro.

Quien quiere anular a otro procura evitarle que trabaje, que proponga, que se enfrente a los problemas tomando sus propias decisiones, que tenga que resolver dificultades. Es generoso y hasta espléndido, si se lo puede permitir, en sus dádivas: comida, diversión , alojamiento y todo lo que se le pida o crea debe entregar. Esta es una manera efectiva de anular potencialidades, acota recursos y compartimenta la creatividad. Sabe que quien vive de lo regalado deroga en su libertad, se vuelve perezosa, se anquilosa, se pudre como el agua en un estanque sin actividad. Es muy difícil que quien ha recibido todo regalado, algún día quiera convertirse en alguien útil para sí mismo.

Pero tanto la realidad como las realidades coinciden en que el manipulador es básicamente un descalificador, un ser intolerante con baja tolerancia a la frustración. Su necesidad de control le afecta compulsivamente. Viven de una imagen esquiva ante la evaluación social, aunque traten de mostrar todo lo contrario para despistarnos de su inseguridad. La carencia de empatía es una de las características habitual que permite identificarlos. Es muy impredecible y egocéntrico en extremo: lo que da tiene como objetivo final siempre un beneficio personal. Sus víctimas podemos ser casi todos.

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