Tengas la estatura que tengas, la depresión siempre será más pequeña que tú, aunque en un momento dado la hayas experimentado como inmensa. Es la depresión la que penetra en tu vida, no tú en ella. En consecuencia, tú si puedes vivir sin ella, pero ella no sobrevive sin ti.

LA DEPRESIÓN PUEDE AFECTAR A CUALQUIERA
«No consigo concentrarme y estoy permanentemente irritado. Cualquier cosa, aun la más insignificante, me pone nervioso, no importa si ocurre en el trabajo, en casa o entre amigos.» Ana, 47 años.
« Me cuesta tomar decisiones, aunque sean pequeñas. Hasta hacer las compras me resulta difícil. Siempre pienso que podría hacer un error. No me comprendo a mí misma.» Mario, 52 años
La depresión es una afección frecuente que puede afligir a cualquier persona, prescindiendo de su edad, profesión, nivel social, origen o creencia religiosa, preferencia sexual…
Tome en serio los síntomas persistentes y consulte con un especialista. Un examen minucioso produce casi siempre un diagnóstico claro que, a su vez, es el primer paso hacia un tratamiento efectivo.
La depresión es una pesadilla, un demonio, un agujero negro, un dolor, una prisión, un grito en el vacío, un enorme peligro. Pero la depresión no puede existir sin ti y no te sirve ni el dinero, ni la fama para deshacerte de ella.
LO QUE SE NECESITA ES EL FIRME PROPÓSITO DE NO ACEPTARLA COMO COMPAÑERA DE VIAJE
Cuando nos hemos sentado con nuestros hijos a disfrutar del clásico Mago de Oz de 1939, no sabíamos, o sí lo sabíamos, que la dulce Dorita (Judy Garland con 16 años), sufrió acoso sexual durante el rodaje de la película. Naturalmente esta es una información para adultos. Ya de adolescentes y en el marco de una conversación sensata y oportuna, conviene hablar con los jóvenes del tema del acoso y el abuso infantil y juvenil es algo que conviene conozcan nuestros adolescentes, especialmente teniendo en cuenta las nuevas variaciones del mismo, como ocurre con el sexting.
Judy Garland, fue una de las mujeres más hermosas que hemos visto en el cine. Y una diva autodestructiva. Abusos de sustancias, dietas peligrosas, bulímica desesperada. La famosa actriz de voz trémula: suave y emotiva, vivió entre la caricia de amores no correspondidos y el escalofrío de la depresión suicida. Mientras vendía gloria para sus sentimentales audiencias, la depresión la hacía residir en un infierno de ansiedades y politixicomanías. A día de hoy Judy Garland es el estereotipo de popularidad basada en un sufrimiento continuo de tristezas insuperables. Una sobredosis «accidental» de barbitúricos fue el final de una mujer que nunca encontró una puerta de salida de su enfermedad.

LAS MÚLTIPLES FACETAS DE LA DEPRESIÓN
La depresión suele tener un prólogo y con frecuencia es una reacción psíquica a la tensión prolongada y a las situaciones difíciles de la vida. La afección puede presentarse gradualmente, aumentando los síntomas de intensidad y sin que estos desaparezcan. En sus primeros estadios suele confundirse con alguna enfermedad física que curse con cansancio y abatimiento.
Los síntomas varían según las personas y pueden ser bien distintos entre mujeres y hombres. Nos pone sobre la pista de un posible inicio de depresión: los trastornos del sueño, la falta de concentración o andar dándole demasiadas vueltas a un asunto, pérdida de la alegría de vivir, les invadan grandes inquietudes. Una depresión puede expresarse también por una elevada irritabilidad.
Los dolores de cabeza, de espalda o de estómago pueden apuntar a una depresión subyacente. A veces surgen ataques de ansiedad o se nota una sensación de opresión en el cuerpo. También puede perderse el deseo sexual.
En una sociedad como la nuestra, ocurre que nos enteremos antes y mejor de los problemas de la gente famosa, que de algunas de las personas con las que nos relacionamos a diario en la familia, de los amigos o en el trabajo. Cuando encontraron ahorcado sin vida a Robin Williams en su domicilio de California, todos nos enteramos del suicidio casi en tiempo real. Todos, incluidos los que padecían en esos momentos una depresión. El asunto conmocionó tanto que algunas personas confesaron miedo a que les pudiera pasar algo parecido, es decir, a poner fin al sufrimiento depresivo quitándose la vida. Si la depresión es tan poderosa que consigue que se mate hasta un tipo tan simpático, ¿que no le podía suceder a otra persona abrumada por las incertidumbres, el desasosiego y la melancolía extrema?
Cuando alguien te consulta sobre este particular, es apropiado hacerle saber que la mayoría de los famosos de los que conocemos que sufren depresión, no se suicidan. Poner algunos ejemplos tranquiliza. Stephen King, diagnosticado de depresión mayor sigue vivo y aterrorizando a sus lectores con obras como Carrie o El Resplandor. Tennessee Williams no murió como consecuencia de esta enfermedad, sino al atragantarse con la tapita del frasco de las gotas oculares que utilizaba para su vista cansada. Diana de Gales sufría depresión desde niña, se achaca a la separación de sus padres y sabemos que se relacionaba con una gran falta de confianza en sí misma y a un sentimiento continuado de aislamiento y rechazo. Bulimia y anorexia, y autolesiones con objetos punzantes, forman parte de la historia de maltrato hacia sí misma. Aunque su muerte aún está envuelta en un velo de misterio y secretos de Estado, lo que si sabemos es que su muerte, al estamparse su coche con conductor en el interior del puente del alma, en París, no viene provocada por su propia mano.
Las revistas del corazón publican constantemente historias de caídas y recaídas de los estados de ánimo de sus famosos de plantilla. A la gente común y corriente le gusta saber que los famosos y ricos también lo pasan mal, y compran el producto. Poner en el candelero el desamor, las rupturas, los demonios, los conflictos familiares y las pesadillas y como cada cosa o un cóctel de ellas minan la autoestima de algunos, genera beneficios. Abunda el cinismo sobre el famoso deprimido. Sin embargo, la depresión ha hecho estragos entre los personajes más mundialmente conocidos. En algunos casos, la realidad de la enfermedad nos ha devuelto desmigajado a algún personaje que nos parecía como de ficción, hasta que nos enteramos de la realidad de su sufrimiento y su final.
En Judy Garland, como en Marilyn, es donde, por su transcendencia mediática, más se ha mostrado la voracidad de la depresión sobre la vulnerabilidad humana. Para los que solo las hemos visto de ingenuas y sexis en sus películas, el rostro de su enfermedad nos las ha devuelto como personalidades desolladas, mentes mentaanfetamínica en carne viva, tristeza profunda de ángel caído.
La paranoia, la esquizofrenia, la impulsividad, conviertens episodios depresivos en depresión mayor, de la que es muy difícil liberarse. Una persona depresiva sin apoyo positivo familiar y social, ve muy reducidas sus posibilidades de superar la enfermedad.
La depresión no solo afecta a quien la parece, sino que tiene enormes repercusiones en su entorno familiar, social y laboral.




