El petit emperador: de pequeño tirano a niño violento


Piense en un niño que suele alzar la voz con mucha frecuencia, prácticamente a diario. Piense en ese niño escupiendo insultos e imponiendo normas en su casa y a todos los que viven en ella. Piense en cómo ese niño, amenaza, roba, agrede psicológicamente. Piense en un ser manipulador, arrogante, terco y caprichoso, que tiene atemorizada a toda la familia a pesar de su corta edad. Y ahora piense que ese niños es su hijo y usted su víctima.

Los trastornos del comportamiento en menores cada vez son más frecuentes. El maltrato hacia los padres (o síndrome del emperador) son una de las conductas disruptivas que van ganando terreno y que suponen un problema familiar importante. Estadísticamente dominan los niños entre 9 y 11 años y adolescentes hasta 17 años, hijos únicos y de clase media alta, aunque ninguna de estas características psicométricas son de necesario cumplimiento; como tampoco lo es una educación rígida que genera problemas de autoestima en los hijos, o una permisible donde brillan por su ausencia los límites o se exageran las libertades del infante, pero suelen estar detrás de estos comportamientos.

La rigidez destapa los comportamientos tiránicos de los hijos hacia la edad de adolescentes, mientras la permisibilidad lo hace a edades más tempranas.

En términos generales este problema se caracteriza por un comportamiento agresivo, sobre todo verbal y en ocasiones también físico, o ambos, y conductas desafiantes o provocadoras dominadas por la ira hacia los padres y en la violación de las normas y los límites familiares. No suelen ser, en consecuencia, empáticos aunque sí egocentristas y con una baja tolerancia a la frustración. Esta manifestación de la ira y la intolerancia no es una constante de la personalidad, sino que se trata de comportamientos selectivos en el entorno familiar que no se suelen reproducir en otros ámbitos. Niños/as tiranos pueden tener una conducta impecable en la escuela.

Una educación asertiva, que consigua combinar adecuadamente un control elevado de la conducta del niño con la flexibilidad suficiente como para implementar el sentido de la responsabilidad, suele dar como resultado niños con carácter independiente, activos y con alto grado de autoestima. En general la comunicación familiar es buena.

Sin embargo, cuando esa flexibilidad esconde ausencia de responsabilidad y estrategias de control escasas o inexistentes, donde la comunicación se establece a nivel de iguales, la conducta subsiguiente del infante suele estar marcada por la impulsividad, la inconformidad manifiesta y las conductas de tiranía hacia los demás miembros de la familia, a veces hacia uno en singular.

tirano

En los casos más extremos, en los que se producen incluso agresiones hacia los padres podemos encontrar incapacidades emocionales como falta de empatía, de amor o de compasión, agravadas por una dificultad manifiesta para sentir culpa o mostrar arrepentimiento por sus acciones, aunque sean incluso fácilmente comprensibles por el menor. Las madres suelen ser las principales víctimas del pequeño tirano, en un 87% de los casos son las destinatarias  de las agresiones físicas y verbales.

Características de los niños con el síndrome del emperador 

(Han de cumplir la mayoría de estas características)

  •  Se siente tristes, enfadados, y/o ansiosos.
  •  Sentido exagerado de lo que les corresponde y esperan que los que están a su alrededor se lo proporcionen.
  • Baja tolerancia a la incomodidad, especialmente si es causada por la frustración, el desengaño, el aburrimiento, o la negación de lo que han pedido; entonces, la expresan con rabietas, ataques de ira, insultos y/o violencia.
  • Presentan escasos recursos para la solución de problemas o afrontar experiencias negativas. • Están muy centrados en sí mismos y creen que son el centro del mundo.
  • Suelen tener una autoestima baja.
  • Carecen de empatía. No pueden, o no quieren, ver la manera en que sus conductas afectan a los demás.
  • Piden hasta el extremo de la exigencia. Una vez conseguido, muestran su insatisfacción y vuelven a querer más cosas.
  • Les es muy difícil sentir culpa o remordimiento por sus conductas.
  • Discuten las normas y/o los castigos con sus padres a quienes consideran injustos, malos, etc. Pero comportarse así, les compensa ya que ante el sentimiento de culpa inducido, los padres ceden y otorgan más privilegios.
  • Buscan las justificaciones de sus conductas en el exterior y culpan a los demás de lo que hacen, por tanto, esperan que sean los otros quienes les solucionen sus problemas.
  • Buscan constantemente atención, y cuanta más se les da, más reclaman. Exigen atención, no sólo de sus padres, sino de todo su entorno.
  • Les cuesta adaptarse a las demandas de las situaciones extra familiares, especialmente en la escuela, porque no responden bien a las figuras de autoridad ni a las estructuras sociales establecidas.

Detección precoz

Tanto fiscales como psicólogos especialista en la conducta infantil subrayan la importancia de detectar precozmente el problema y pedir ayuda especializada, que probablemente incluirá una terapia familiar.

Muchos “Al principio siempre piensas que es algo que se arreglará, no imaginas que acabe derivando a problemas tan graves”

Los tres síntomas fundamentales, que pueden dar pistas a los padres y que se observan en la segunda infancia (6-11 años) son

  • Incapacidad para desarrollar emociones morales (empatía, amor, compasión, etc.) auténticas; ello se trasluce en mucha dificultad para mostrar culpa y arrepentimiento sincero por las malas acciones.
  • Incapacidad para aprender de los errores y de los castigos. Ante la desesperación de los padres no parece que sirvan regañinas y conversaciones: él busca su propio beneficio.
  • Conductas habituales de desafío, mentiras e incluso actos crueles hacia hermanos y amistades”. “Hay que actuar en cuanto se ve que el niño apunta maneras”, dice desde la oficina del Defensor del Menor, que lanza un mensaje esperanzador: “Existen buenos recursos para el abordaje de esta causa; los servicios sociales dan buena respuesta, también se puede acudir a un médico de cabecera o a un orientador escolar para pedir consejo”.

El protocolo de intervención terapéutica para los casos de síndrome del emperador tiene como objetivo fundamental la corrección de este comportamiento mediante la reducción del egocentrismo y el desarrollo de habilidades sociales y de la empatía. El apoyo psicológico a las familias es fundamental.

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