El sexto sentido femenino: ¿mito o realidad?


Que las mujeres tienen un sexto sentido lo hemos oído desde siempre. Se trata de una construcción social tan popular y poderosa que ya hay ni quien se la cuestiona.

Quien más y quien menos hemos intuido, en alguna ocasión, que algo no va bien,; sospechado que nos mienten o que, sencillamente, alguien no nos parece de confianza. La explicación más habitual ante este fenómeno, es atribuirla a un «sexto sentido».

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Preferentemente se atribuye esta cualidad a las mujeres, a su capacidad para adelantarse a ciertos hechos. Pero, ¿existe en realidad este sexto sentido femenino?

Photo by Anete Lusina

No sé a ti, pero por lo que a mí respecta, en mi relación con las mujeres, esto es, desde mi madre hasta yo sé quién a día de hoy, las mujeres siempre me han parecido seres esencialmente empáticos, algo telépatas, expertas en gestualidad, escrutadoras de emociones y otros estados afines. Su capacidad para percibir la dimensión sutil de las cosas, las situaciones y las otras personas, la relación causa efecto de muchos sucesos, siempre me ha resultado sorprendente. ¿Pero se corresponde esta visión bastante generalizada, con la realidad empírica de lo cotidiano?

En la actualidad esta cuestión está cuestionada. Veamos.

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El principal problema que lleva a este cuestionamiento es que la mayoría de los estudios empíricos realizados al respecto han sido realizados por las propias mujeres. Mujeres que autoevalúan su propio sexto sentido. La validez de los mismos es escasa. Es algo así como si quisiéramos establecer la existencia de los duendes en base a cuánta gente cree en su existencia. En general las afirmaciones que contienen los cuestionarios de estas pruebas “evalúan a menudo el género de una persona al preguntarle si está interesada en actividades que suelen estar más asociadas con los hombres o las mujeres: coches, electricidad, ordenadores u otras máquinas, deportes y el mercado de valores por un lado, y, por otro, amistad y relaciones.”

En la historia del estudio del sexto sentido y del sexto sentido femenino en particular, los instrumentos de evaluación utilizados han situado a sus participantes fuera de la realidad al no contemplar el flujo de información rica y cambiante que se produce en la interacción entre las personas.

¿Dónde estaba la ventaja empática que normalmente denominamos “intuición femenina”?

No se ha encontrado en las interacciones de extraños del sexo opuesto, ni en las interacciones de cintas de parejas heterosexuales, ni tampoco en las interacciones de parejas recién casadas o casadas hace tiempo. Tampoco resultó evidente en las comparaciones de parejas femenina-femenina con masculina-masculina, no en los grupos femeninos con los masculinos. ¿Acaso era un mito cultural? – Concluyen los estudios de Ickes.

Sin embargo, una variación de estos experimentos, realizados en la Universidad de Cadiff, apunta que las mujeres son más intuitivas a la hora de interpretar pensamientos y sentimientos. En los varones, en general, el mayor nivel intuitivo para interpretar pensamientos y sentimientos – según el informe de este estudio – lo alcanzan a través de los incentivos económicos, el valor social incrementa tambié el rendimiento masculino. Llama la atención como los hombres, mejora en su nivel de empatía y de interacción intuitiva cuando se les comenta su alegada inferioridad intuitiva en relación con las mujeres.

Sea como fuere, los estudios indican que no podemos separar la capacidad y motivación empática de la situación social. En este sentido lo más sensato es entender que lo del sexto sentido femenino es más un mito cultural y un estereotipo de género que una realidad.

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