Aspectos psicológicos de los juicios a primera vista


Dar una buena impresión, a primera vista, es algo que asociamos con la seguridad en uno mismo. Todos sabemos la importancia que se le da a una buena impresión en nuestras relaciones personales e interacciones sociales con los demás, especialmente cuando somos bienvenidos a cualquier grupo o actividad.

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Todos sabemos, también, que siempre habrá quien haga un juicio de valor sobre nosotros y nosotras nada más vernos. En otras ocasiones, seremos nosotras o nosotros, quienes haremos lo mismo con personas que nos acaban de presentar. Esto ocurre por mucho que nos digamos que no deberíamos hacer juicios rápidos de esas personas. Este “no debemos” es clave, ya que los preceptos morales siempre tratan de disuadirnos de seguir nuestras inclinaciones naturales o aprendidas.

Aunque, las primeras impresiones son claramente propensas al error y a las meteduras de pata más bochornosas, ocurre que nos resulta muy difícil no crearnos una visión e incluso una opinión a partir de cómo alguien nos penetra por los ojos. Si esto no fuera así, las desdichas amorosas no serían tan habituales en nuestra cultura. La doctora Leslie Zebrowitz, psicóloga en la Universidad de Brandeis, ha establecido la enorme consistencia conque somos capaces de hacer juicios sobre el carácter de una persona a partir de sus rasgos morfológicos. Existen casos en los que las primeras impresiones no están alejadas de la realidad de determinada persona, especialmente para personas instruidas en el estudio de la morfología humana, o para personas muy intuitivas, también.

Unos de los principales aspectos psicológicos, que hacen que emitamos un juicio sobre alguien a quien acabamos de conocer, son los rasgos de familiaridad. Es decir, nuestra tendencia conductual es a juzgar a las personas basándonos en su similitud física y en su repertorio gestual con otras personas que conocemos. Así, nuestra primera impresión estará al pairo de una imagen mental. En consecuencia, si alguien se da un aire a aquella novia de la adolescencia, generará expectativas positivas, mientras que, si por el contrario la semejanza es con el tío Lucas, gruñón y mal encarado, el rechazo es casi instantáneo. Esto se debe a que el procesamiento cognitivo de la apariencia del recién conocido/a nos lleva a creer en una correlación entre imagen y características de personalidad.

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Sin embargo, la mayoría de la gente que juzgamos como familiar no nos recuerda a nadie en particular. Más bien, es sólo una vaga sensación de que se parecen a las otras personas con las que coincidimos a veces, conocemos de vista, o tienen, específicamente, alguna similitud con los miembros de una familia, raza o etnia. En esto casos el efecto de familiaridad entra en acción. Es decir, nos gusta a lo que estamos acostumbrados, familiarizados y excluimos, al menos de entrada, lo diferente. En esta realidad, subyace, algunas de las creencias que también promueven las conductas de discriminación.

Las personas sanas nos resultan más atractivas. Una cara bonita, en base a los cánones clásicos de la simetría y proporcionalidad asociados al concepto de atractividad, sin embargo, sobrepasa con facilidad las reticencias sobre lo desconocido. De hecho, además, también manifestamos tendencia a considerar a la gente bien vestida, simpática, guapa y con autonomía económica como más inteligentes y capaces. Ocurre, igualmente, el juicio contrario. A las personas menos simétricas, enfermas, con alguna discapacidad o pobres las tratamos con mayor precaución y distancia.

Éste es uno de los rasgos de juicio a primera vista que más tienen que ver con la discriminación y la poca tolerancia a la diversidad.

La semejanza emocional, la lectura de las expresiones emocionales de otras personas es, por otro lado, otro de los aspectos psicológicos determinantes en la aceptación o rechazo de alguien, al que apenas conocemos. Algunos rasgos morfológicos de una persona, como el arqueo de cejas ante el enfado, las muecas de seriedad o contrariedad, el dibujo de la sonrisa o la expresión de felicidad o serenidad, son detonantes de nuestro acercamiento o de la toma de distancia, aunque dichas comparaciones suelan llevarnos a engaños.


De interés para profesionales, aficionados y curiosos a la comprensión de la expresión humana y su psicología

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