El límite entre seguir intentándolo y acosar. Un problema demasiado habitual en las separaciones


Entre seguir intentando recuperar a la persona amada y acosarla puede haber un espacio intransitable, o sólo un paso. En ocasiones, incluso sin ser plenamente consciente, una persona se puede volver acosadora de otra. El acoso puede suceder tras una ruptura de pareja en la que, uno de sus miembros, se cree en derecho de tener una segunda oportunidad, que la busca y por la que jura que todo va a cambiar.

El acoso psicológico es una realidad en todas las partes del mundo, es una medida de presión que suelen hacer personas que están en una posición de poder o privilegio, en el ámbito afectivo, familiar, social o laboral. Pero también es algo en el que se involucran personas posesivas que no aceptan la ruptura de la pareja, e incluso y muy frecuentemente, personas inseguras y muy dependientes. Este tipo de conducta produce maltrato psicológico y abuso emocional.

Se trata de un proceso largo que puede conllevar pérdida de autoestima en la persona acosada. El acoso psicológico suele ser la antesala del maltrato físico y de la violencia de género.

Seguir intentando recuperar a la pareja tiene unos límites muy determinados que hay que saber diferenciar, si se sobrepasan lo más probable es que estemos actuando de forma acosadora.

 

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¿Qué hacer si tu ex pareja no te deja en paz?

En primer lugar hay que tener claro que casi todas las personas compartirnos rasgos narcisistas. Todos en una u otra medida hemos manipulado con el objeto de obtener alguna ventaja. Lo que nos diferencia de los individuos perversos es que, en nuestro caso, estos comportamientos y estos sentimientos son reacciones pasajeras que, además, nos producen remordimientos y pesadumbre.

Sin embargo, el acosador suele ser una persona resentida, frustrada, envidiosa, celosa y profundamente egoísta, dominando alguno de estos rasgos en mayor o menor medida. Se trata de personas (en general dominan los hombres) que no aceptan un “no” o un “adiós” por respuesta, especialmente si esta proviene de su pareja. En algunos casos estas personas llegan a convertirse en verdaderos depredadores, que utiliza un tipo de violencia sorda, muda, invisible a la familia o al entorno de la persona acosada, minando su estabilidad emocional. El objetivo de este comportamiento es recuperar una situación por medio del sufrimiento y de la intimidación, la culpabilización  o la desvalorización.

Cuando el comportamiento acosador se convierte en algo obsesivo, pretender solucionarlo por la vía del diálogo y la negociación, en algunos casos no sólo es inútil, sino que además resulta peligroso. En estos casos lo único viable es buscar asesoramiento y amparo legal, que permita actuar con eficiencia sobre la persona acosadora.  Se trata de un problema muy complejo, ya que si bien en algunos países existe legislación clara contra el delito de intimidación y amenazas, en otros las personas, especialmente las mujeres, están desamparadas.

En cualquier caso iniciar un nuevo sistema de vida puede ser la mejor manera de que, finalmente, el nuestro ex acosador, acabe desistiendo de sus pretensiones, aunque esto no nos libera de estar pendientes de cómo actúa esa persona y tratar de anticiparnos a sus actuaciones.

 

 

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