Comerse la cabeza es de humanos


Si los factores ambientales (radiación solar, humedad, temperatura, etc.) son capaces de estresar a todos los seres vivos, incluyendo a las personas, los seres humanos tienen, además, unos enemigos bastante particulares: los factores psicológicos. Nuestra corteza cerebral tan buena para unas cosas (nos permite tener muchos mecanismos de control y posibilita que tengamos muchas capacidades: reflexiva, conducir y protegernos de muchas cosas) pero al mismo tiempo nos puede meter en un verdadero infierno.

Y el motivo es que, al igual que los primates superiores, tenemos mucha capacidad proyectiva hacia el futuro. Es decir, pensar en las consecuencias y en lo que ocurrirá mañana nos preocupa y nos estresa, incluso aunque lo que se nos pasa en un momento dado por la cabeza no ha ocurrido o tenemos hasta la certeza de que no ocurrirá. A veces le damos vueltas a las cosas hasta quedar agotados.

De hecho, en ocasiones el estrés ya no es solo una respuesta natural y universal que permite sobreponerse a los seres vivos a los factores adversos y les ayuda a evolucionar. Cuando las preocupaciones se prolongan en el tiempo, el estrés se convierte en distrés: la respuesta se cronifica y conlleva una notable alteración del perfil endocrino. Aparecen numerosas patologías y consecuencias funcionales como problemas en los procesos de crecimiento, reproducción, osmorregulación y en el sistema inmune.

Nos estrujamos la sesera para aprender, para planificar el futuro o para no volver a cometer errores. Hasta aquí todo bien. El problema surge cuando confundimos ocuparse con preocuparse.

Lo primero es necesario y gracias a ello, hemos conseguido evolucionar como especie. Sin embargo, la preocupación constante, la rumia mental, nos hace claramente infelices. No es fácil darle esquinazo a “alguien” (tu mismo/a) que está en nuestra cabeza. Tenemos esa habilidad de amargarnos la vida, pero al mismo tiempo estamos en posesión de aquellas claves que nos permitirán llevarnos un poco mejor con nosotros mismos

  1.  Contempla las emociones, no te embarulles con ellas.
  2.  Tómatelo con calma, nuestra cabeza suele aumentar los problemas y agrandar los errores.
  3.   Deja de querer adivinar el futuro.
  4.   Crea un espacio para ti, trata de ser amable contigo mismo/a.

 

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