A propósito de la rutina y otros hábitos en las relaciones aburridas


Una relación estable y feliz no es algo que sea sencillo de conseguir y pasa porque funcione una norma de lo más elemental, el respeto a las opiniones, creencias y necesidades de la otra persona que participa en la relación. Así y todo, no siempre salen las cosas como deseamos.

Son muchas las mujeres y hombres que tras años de convivencia con sus respectivas parejas, sufren un tremendo aburrimiento y falta de interés por las mismas. El tedio suele empezar en los aspectos más íntimos de la relación; pero como la rutina mata y mucho, acaba extendiéndose a la relación completa.

En las relaciones de largo recorrido existe una alta probabilidad de que la rutina y la monotonía de lo establecido, se suelen generar inercias hacia una convivencia carente de sorpresas y, por el contrario, saturadas de automatismos silenciosos.

Repasando lo que a este respecto me han enseñado algunos autores especializados, cabe recordar aquí algunas de las razones que originan este problema, según Jessica Schainer, psicóloga clínica.

1. Falta de motivación. Es la principal causa de una relación de pareja aburrida. Sucede cuando dejan de haber estímulos tanto internos como externos que dirijan la relación hacia algún proyecto en conjunto.

2. Intereses individuales. Es posible que alguno o ambos retomen anteriores aficiones e intereses, o bien que los proyectos personales de ambos sean tan diferentes que no  les permita construir uno juntos.


3. Falta de comunicación. La ausencia y falta de atención, aun estando presentes, aniquila la convivencia Los mutuos intereses, así como las emociones y sentimientos que los ligan, deben ser privilegiados para volver a soldar el vínculo.

4. Carencia de detalles. Según expertos de la Fundación Eduardo Punset, con el paso del tiempo las parejas pierden las buenas costumbres, dejan de tratarse bien y descuidan los detalles que pueden mantener viva la ilusión y la pasión, lo cual los lleva a la rutina y falta de expectativas respecto al otro.


5. Culpas y resentimiento. Cuando el resentimiento llega a nuestras sus vidas, entonces también se presentan las dudas sobre la pareja, sobre la continuidad de la misma, sobre toda nuestra vida con esa otra persona especial, y comenzamos a culparla de lo mal que nos sentimos.

¿Cómo combatir el aburrimiento en la pareja?

En primer lugar, tiene que haber interés en combatirlo, en que se suavice la rutina y se restablezca el entusiasmo por la convivencia. Los escépticos suelen ser poco proclives a los intentos por cambiar, bien porque cuando lo han intentado no ha funcionado, bien porque no quieren hacer cambios en su persona con la excusa de que la otra tampoco va a cambiar.

Para evitar el aburrimiento y asegurarse una mejor calidad de la convivencia es imprescindible:

Modificar las actitudes interiores

  • Es preciso que cada uno de los dos crea firmemente que «a su edad» es posible cambiar.
  • Es necesario que cada cual crea en su propia potencialidad, que muchas veces se desconoce o no se aprecia.
  • Es imprescindible que cada cual crea que la otra persona también es capaz de muchas cosas, aunque hasta el momento no lo haya demostrado.
  • Es vital que cada cual encuentre en su interior cualidades escondidas que seguramente tiene y aún no se han manifestado.
  • Puede ser incluso interesante acudir a ayudas externas profesionales para apoyarse en ese proceso de redescubrir la valía personal.

Alterar algunas circunstancias externas

  • Hay que arriesgarse a que pasen cosas nuevas, probablemente no sujetas a un control total.
  • Dejar que las sorpresas tengan un papel en la vida diaria, por muy pequeñas que sean, satisfacen a quien es objeto y a quien las procura.
  • Establecer nuevos escenarios. Visitar lugares diferentes juntos, aunque sea uno al año.
  • Compartir nuevas relaciones en actos culturales.
  • Cultivar aficiones y distracciones no conocidas.
  • Para todo ello es necesario un cierto grado de valentía, de perder el miedo al ridículo, al control social y aceptar la posibilidad de que algunos de los nuevos intentos sean un fracaso, porque será un fracaso común.

Cuando una pareja se involucra en este tipo de cambios, tanto en la actitud personal como en la modificación de las circunstancias y los hábitos, es imprescindible hablar sobre lo que se está intentando lograr con el fin de valorar el proceso, conocer cómo lo vive cada cual y estimar si es necesario rectificar o introducir otra serie de variables. E igual que se mima el proceso conjunto, ha de mimarse el viraje individual. Para ello, debe existir el consenso de que cada cual tenga una cierta vida propia que procure una convivencia serena. Que dos personas se quieran supone, entre otras muchas cosas, la habilidad para crear espacios que faciliten que la otra persona sea ella misma, que tenga su propio espacio no compartido.

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